El hombre sin nombre

El hombre sin nombre

Salió de su casa apurado. A punto de tomar el colectivo que lo llevaba a la oficina notó que algo le faltaba. Se quedó pensando y  metió la mano en el bolsillo del saco. Entonces cayó en la cuenta que no llevaba su nombre. Común y sencillo pero era suyo, le pertenecía. Sin él sentía que era nadie. Recordó que la última en nombrarlo había sido su mujer al salir de su casa. Revisó todos los bolsillos y ni siquiera un rastro. Volvió sobre sus pasos a ver si lo había extraviado. Tal vez cruzarse con algún conocido sería la solución, pensó. – Che, fulano, ¿cómo andas? Ese día no había ningún conocido a la vista. Solo le quedaba un recurso. Caminó despacito hasta su casa. Cuando iba a colocar la llave en la cerradura vio algo sobre el felpudo de Bienvenida. En letras gordas, un tanto torcidas, estaba su nombre. Se agachó para levantarlo. Acarició a Pedro, lo planchó suavemente con la mano y lo dobló. Con cuidado se lo guardó en el bolsillo y se alejó raudo hacia su destino, esta vez seguro de saber quién era.

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2 Respuestas a El hombre sin nombre

  1. Luciana dijo:

    Excelente!!!

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